Análisis del informe del Relator Especial de las Naciones Unidas, el Dr. Dainius Püras

Análisis del informe del Relator Especial de las Naciones Unidas, el Dr. Dainius Püras

Autores: Dr. J. Camilo Vázquez Caubet y Dra. Rosa Molina Ruiz

ANÁLISIS DEL INFORME DEL RELATOR ESPECIAL SOBRE EL DERECHO DE TODA PERSONA AL DISFRUTE DEL MÁS ALTO NIVEL POSIBLE DE SALUD FÍSICA Y MENTAL

El presente informe, con fecha del 2 de abril de 2015, se trata del primero emitido por el actual portador del mandato de Naciones Unidas para el Derecho a la salud, el Relator Especial Dainius Püras. De origen lituano, el relator posee experiencia como psiquiatra infantil y es experto en salud pública, entre otros méritos profesionales.

Analizamos, en esta ocasión, los tres primeros puntos del documento, correspondientes a su Introducción, relación de Actividades Realizadas, así como el resumen histórico del mandato de Naciones Unidad sobre el Derecho de toda persona al nivel más alto posible de Salud Física y Mental.

Consideraciones iniciales

Dicho informe se emite al cumplirse 8 meses desde su nombramiento en agosto de 2014. Se trata del vigesimocuarto informe en relación con el mandato sobre el derecho al disfrute a la salud, el cual fue creado en el año 2003. Los informes, por tanto, se emiten con una periodicidad aproximadamente semestral.

Tras exponer la estructura básica y los objetivos del informe, el relator pasa a detallar las actividades llevadas a cabo durante sus primeros 8 meses en el cargo.

En su apartado A expone que, de las 72 comunicaciones enviadas a 39 estados, la tasa de respuesta había sido del 52% al finalizar el plazo de un año natural. Esta baja tasa de respuesta nos resulta llamativamente baja y nos plantea dudas acerca de la posibilidad de introducir cambios a mejor en países que no accedan voluntariamente a involucrarse de forma activa en la promoción del derecho a la salud. No disponemos, así mismo de información acerca del contenido de dichas comunicaciones, su posible heterogeneidad o su carácter meramente protocolario.

Hace referencia en segundo lugar (Apartado B) a la visita realizada a Malasia, adjuntando su informe de conclusiones. Se trata de un documento de 23 páginas que resume 15 días de estancia, reuniones con delegados gubernamentales y visitas a diferentes dispositivos sanitarios, tanto generales como de salud mental. Desafortunadamente las alegaciones realizadas por el gobierno malayo al documento del Relator Especial no resultan accesibles desde la página web de Naciones Unidas.

Los apartados C y D recogen principalmente actividades de tipo formativo, divulgador y de coordinación tanto con la propia Organización de Naciones Unidas como con otros organismos supranacionales y, finalmente con Organizaciones No Gubernamentales. De las actividades aquí incluidas solamente se detalla alguna puntual, con lo cual la información ofrece cierta impresión de parcialidad o incompletitud.

Repaso de la labor del mandato (años 2003 a 2014)

Se recuerda el origen histórico y los fundamentos ejecutivos del mandato del Relator Especial sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.

A nivel conceptual destacan dos dificultades. En primer lugar, se percibe la persistencia de una concepción dualista del ser humano al diferenciarse la salud física de la mental, cuando no existen motivos que justifiquen una división tan clara más allá de la mera retórica o la coincidencia con el lenguaje coloquial. Nos planteamos si no sería más coherente hablar de bienestar o sencillamente de salud.

La segunda dificultad emana de la palabra posible incluida en el propio mandato. Consideramos que, si bien permite introducir un elemento de flexibilidad y aplicabilidad del mandato en muy diferentes contextos geográficos y temporales, lo cierto es que resulta enormemente problemático conocer hasta qué punto es posible mejorar la salud de los individuos o prevenir su deterioro. Dicha cláusula de posibilidad ampliaría tanto el mandato que podría llegar a amparar prácticamente cualquier interpretación del mismo. Se refiere también que el derecho a la salud es una tarea progresiva, y que las exigencias serán proporcionadas a los recursos disponibles, lo cual parece adecuado.

Se recuerda a continuación que el primer portador del mandato se centró, en relación con la salud, en el desarrollo de un marco teórico de derecho que facilitase su comprensión y extensión. Quizás sea este el principal avance y pilar de todo el mandato. Convertir la salud en un derecho que emana de la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos supone una exigencia de primer orden ético para los países miembros de la ONU y firmantes de dicha Declaración. Otro avance capital tiene que ver con la relación explícita entre los determinantes sociales y subyacentes para la salud, no centrando los esfuerzos únicamente en el ámbito asistencial.

Al mismo tiempo el Relator reconoce que la pregunta acerca de qué aportan los derechos humanos y el derecho a la salud está todavía abierta, ya que no todo en este planteamiento resulta satisfactorio. En este sentido toma el relevo de la tarea de definir la forma y el contenido de la salud como derecho. Expone para ello la distinción entre procesos con orientación judicial de los procesos orientados a las políticas. Se menciona la obligación legal a la que se someterían los estados a la hora de velar por la salud de las personas, y enuncia el concepto de rendición de cuentas. No obstante, resulta problemático articular de qué manera se va a poder sancionar o penalizar el incumplimiento de los compromisos, o por lo menos del texto no es posible deducirlo.

A continuación, el Relator pasa a enumerar algunas áreas de especial interés en la historia del mandato, que serán presumiblemente objeto de su atención futura. Destacan la distribución equitativa de los recursos económicos, la lucha contra la discriminación en poblaciones particularmente vulnerables (afectos de VIH/SIDA, colectivo LGTB…), la atención a la salud reproductiva y sexual de las mujeres, la atención a la salud durante la infancia y la adolescencia, el replanteamiento de las medidas restrictivas en materia de salud pública (adicciones, medios contraceptivos), el acceso equitativo a medicamentos… Son todos ellos de vital importancia y aplaudimos su compromiso hacia los mismos.

Sin embargo, echamos en falta un compromiso explícito hacia la salud de las personas ancianas, la promoción del bienestar en torno al fin de la vida y la muerte digna, así como la articulación de medidas de protección dirigidas a las personas “sin estado”, muchas veces en tránsito internacional o recluidas en campos de refugiados.

No podemos sino aplaudir el convencimiento del Relator de que debe adoptarse un enfoque integral del derecho a la salud, que trascienda la mera asistencia sanitaria y favorezca la creación de comunidades empoderadas, inclusivas y saludables.

Sin embargo, nos unimos a su preocupación ante la posibilidad de que cualquier enfoque basado en los derechos derive en promesas vacuas si no existen mecanismos para una adecuada vigilancia y rendición de cuentas.

El documento en sí

Debemos, finalmente, destacar algunos comentarios a nivel formal cuya mejora repercutiría positivamente en la transmisión de la información y la recepción del mensaje. El documento se presenta bajo el manual de estilo propio de las publicaciones de Naciones Unidas, y desde ese punto de vista entendemos tanto su estructura expositiva como la selección de la información considerada relevante.

En ocasiones puede resultar complicado, para el lector no acostumbrado a este tipo de documentos, avanzar en su lectura y mantener una idea global del texto. En ocasiones se asemeja a una enumeración de temas sin un hilo conductor común.

Echamos en falta, además, un marco explicativo previo que sirva para dar contexto al informe, introduciendo los conceptos esenciales que definen el mandato de Naciones Unidas. A tal efecto los autores del presente análisis hemos elaborado unas notas que se han incluido resumidas en otro apartado[1] de este documento (ver pie de página).

El tono general del informe, así como la presencia de agradecimientos formales y reiterados tanto a los anteriores portadores del mandato como a los estados visitados, hacen pensar que se trata más bien de un producto de “consumo interno”, en lugar de un documento pensado para su divulgación a la población general. Este punto, trivial en apariencia, lo distancia de su cometido de mejorar la salud de las personas, haciéndolas conscientes en primer lugar de que son subsidiarias de ese derecho.


[1]. Los relatores especiales (special rapporteur) son individuos nombrados para actuar en nombre de Naciones Unidas en calidad de expertos independientes. Son seleccionados de entre los candidatos que se ofrecen voluntariamente siguiendo criterios de pericia, experiencia en el campo del mandato, independencia, imparcialidad, integridad personal y objetividad. A esto se le suman consideraciones para introducir equilibrio de género y geográfico. La autoridad responsable de su nombramiento emana del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (hasta 2006, Comisión de DDHH). Los relatores especiales reciben el mandato de examinar, supervisar, asesorar e informar públicamente sobre problemas en relación con los Derechos Humanos. Dicho mandato, en el caso de los relatores designados por áreas temáticas, tiene una duración de 3 años, prorrogables a 3 más.

                Con el fin de dar cumplimiento a su mandato llevan a cabo las siguientes tareas:

  • Evaluan y verifican quejas y alegaciones individuales acerca de posibles violaciones de DDHH.
  • Acuden sobre el terreno a recabar hechos que permitan verificar alegaciones de posibles violaciones de los DDHH. Para ello requieren de la invitación del país implicado.
  • Ante alegaciones verificadas emiten comunicados urgentes destinados a los gobiernos que presuntamente estarían llevando a cabo o siendo responsables de dichas violaciones de derechos.
  • Proporcionan asesoramiento y apoyo técnico sobre el terreno a diferentes países.
  • Se implican en actividades de investigación, promoción y difusión de carácter general en relación con el contenido de su mandato.

                Para la realización de dicho mandato reciben apoyo personal y logístico de la Oficina del Alto Comisario por los Derechos Humanos, si bien no perciben ningún tipo de remuneración económica.

 

Aspectos conceptuales
FortalezasDebilidades
  • Ética de máximos
  • Enfoque centrado en la comunidad
  • Atención a los determinantes sociales
  • Compromiso por la equidad

 

  • Dualismo implícito en el concepto de salud física y mental
  • No mención explícita a aspectos transculturales en su evaluación
  • Vaguedad del mandato incluída en su cláusula de “posibilidad”
Aspectos pragmáticos
FortalezasDebilidades
  • Potencia del marco de derecho
  • Prestigio de Naciones Unidas
  • Continuidad y cohesión del mandato
  • Difusión de alcance global
  • Baja tasa de respuesta a las comunicaciones remitidas por el relator
  • Desconocemos el contenido de las comunicaciones remitidas a los estados
  • Importante dependencia de la colaboración voluntaria de los estados
  • Ética de máximos puede desalentar su cumplimiento
  • Escasa potestad y capacidad sancionadora
  • Vulnerabilidad a influencias y sesgos
Aspectos formales
FortalezasDebilidades
  • Fácil acceso a los informes digitales
  • Disponibilidad en varios idiomas
  • Extensión adecuada
  • Gratuidad
  • Estilo y tono de consumo interno
  • Falta de claridad expositiva
  • Falta de información contextual